...
Ya no nos vemos.
Físicamente, no nos vemos.
El tiempo es lo único
que me une a la vida,
cuando la vida eres tú.
Y aún cuando ya no estás,
sigues siendo el nexo
con el ritmo del reloj.
El tiempo es un camino de folios
en el que vas dejando
piedras tras de ti.
Y mi camino eres tú.
Las piedras son tu ropa,
tu cuarto,
tu portal,
tus malas caras,
nuestro Agosto.
En esta mesa en la que te escribo,
apoyábamos los codos
y nos besábamos.
A la vez.
Y ahora apoyo mis dos codos,
apoyo nuestras fotos,
apoyo nuestro verano
y apoyo mi fuerza
para decirte adiós.
Carta de suicidio
al suicidio de nuestro amor.
Que no ha muerto.
Porque yo sigo escribiéndote
y tú sigues leyéndome.
Estoy seguro.
Pero algo,
por el hecho de estar vivo,
no tiene porqué estar despierto.
Tengo por algún cajón
ropa tuya.
Ropa que me quitaste
y ropa que te pusiste.
Ropa que aún me huele a ti
como salir a la calle
en Junio.
Salía a buscarte por estas fechas
hace un año.
Hoy solo busco aire.
martes, 10 de junio de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
(te) Recuerdo.
Recuerdo aquel día en el que nos juramos
ser agujas para nuestra larga piel,
clavarnos como se clava
el Octubre en mí.
Recuerdo que quisimos ser baile
sin haber sido antes mirada,
sin habernos cruzado
con el viento gritando.
Recuerdo mirarte como miraba Camilo
a sus compañeros barbudos,
de frente y con fuertes sonrisas.
Lo recuerdo bien.
Recuerdo tus mordiscos de lobo
en mi pecho de presa,
tus carreras de huida
en mi mente dormida.
Recuerdo los folios llenos
en noches a medias,
recuerdo tu gesto vacío
en la ciudad escondida.
ser agujas para nuestra larga piel,
clavarnos como se clava
el Octubre en mí.
Recuerdo que quisimos ser baile
sin haber sido antes mirada,
sin habernos cruzado
con el viento gritando.
Recuerdo mirarte como miraba Camilo
a sus compañeros barbudos,
de frente y con fuertes sonrisas.
Lo recuerdo bien.
Recuerdo tus mordiscos de lobo
en mi pecho de presa,
tus carreras de huida
en mi mente dormida.
Recuerdo los folios llenos
en noches a medias,
recuerdo tu gesto vacío
en la ciudad escondida.
miércoles, 14 de mayo de 2014
;
Raíces que no terminan de salir
a la superficie.
No terminan de asomar su vida
para coger un poco de aire.
El aire que me falta
cuando me faltan tus suspiros,
cuando me falta el agua
que regalan tus palabras.
No soy más que lo que creo ser.
Y no creo ser nada más
que lo que dejo atrás al caminar
sin rumbo.
Hay muchas formas de dormir y
hay muchas formas de no dormir.
Se puede dormir por estar sin ti
y se puede no dormir por estar contigo.
De noche la distancia es oscura,
duele más. No reconforta.
Nuestros cuerpos no se dan calor,
se dan vida.
Y luego perdemos la vida
porque no nos gusta el frío.
a la superficie.
No terminan de asomar su vida
para coger un poco de aire.
El aire que me falta
cuando me faltan tus suspiros,
cuando me falta el agua
que regalan tus palabras.
No soy más que lo que creo ser.
Y no creo ser nada más
que lo que dejo atrás al caminar
sin rumbo.
Hay muchas formas de dormir y
hay muchas formas de no dormir.
Se puede dormir por estar sin ti
y se puede no dormir por estar contigo.
De noche la distancia es oscura,
duele más. No reconforta.
Nuestros cuerpos no se dan calor,
se dan vida.
Y luego perdemos la vida
porque no nos gusta el frío.
Fragmento de "La voz a ti debida" (Pedro Salinas)
Qué alegría vivir
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
-Pedro Salinas
sintiéndose vivido.
Rendirse
a la gran certidumbre, oscuramente,
de que otro ser, fuera de mí, muy lejos,
me está viviendo.
-Pedro Salinas
jueves, 1 de mayo de 2014
Tiempo (enemigo)
Dueles duro a la vez que besas.
Corres o duermes según gustes de
destruirme o de abrazarme a la vida.
En un bolsillo una pistola,
en el otro la calma, el suspiro...
tu calma siempre efímera,
siempre ficticia.
Pues tan pronto duermes
como lanzas piedras a mi tejado.
Tan injusto cuando puedes
y tan oportuno cuando quieres...
siempre espero más de ti
de lo que sé que vas a darme.
Me aferro a ti, por si acaso,
para algo eres infinito.
Corres o duermes según gustes de
destruirme o de abrazarme a la vida.
En un bolsillo una pistola,
en el otro la calma, el suspiro...
tu calma siempre efímera,
siempre ficticia.
Pues tan pronto duermes
como lanzas piedras a mi tejado.
Tan injusto cuando puedes
y tan oportuno cuando quieres...
siempre espero más de ti
de lo que sé que vas a darme.
Me aferro a ti, por si acaso,
para algo eres infinito.
¿Te odio?
Te odio. Te odio con la fuerza
con la que odia la Tierra al hombre.
Te odio por esta sensación de vacío,
por este sádico cosmos que me envuelve.
Te odio como odian mis latidos
al ritmo de tus palabras,
a tu forma de inquietarme.
Te odio como a la luz doliendo
a mis ojos, despertándome.
Te odio como odia el pobre
sin saber a quién odia.
Te odio de lejos, con cuidado,
con miedo a odiarte más.
Te odio como odian los poetas,
en silencio y entre líneas.
¿Te odio?
con la que odia la Tierra al hombre.
Te odio por esta sensación de vacío,
por este sádico cosmos que me envuelve.
Te odio como odian mis latidos
al ritmo de tus palabras,
a tu forma de inquietarme.
Te odio como a la luz doliendo
a mis ojos, despertándome.
Te odio como odia el pobre
sin saber a quién odia.
Te odio de lejos, con cuidado,
con miedo a odiarte más.
Te odio como odian los poetas,
en silencio y entre líneas.
¿Te odio?
martes, 29 de abril de 2014
Sobre la sociedad de consumo y sus consecuencias ambientales y sociales (breve):
Las
cosas parecen eternas, hasta que se acaban. Somos conscientes de la
inestable situación de nuestro planeta, pero lo vemos algo lejano,
como si fuera un simple dato o algo que, de vez en cuando, sale en
las noticias porque un grupo de activistas ha denunciado una
situación concreta. Pero no. La sociedad de consumo extremo en la
que vivimos conduce a la Tierra al abismo. Es una obligación moral,
lógica e histórica acabar con esta situación y solucionar un
problema, que a largo plazo (y no tan largo...) será intratable por
la especie humana. Consumimos, producimos, consumimos, producimos. Y
así constantemente a un ritmo que, lejos de disminuir, nunca para de
aumentar por el brutal aumento de la natalidad y la consecuencia
inevitable de la sociedad capitalista de consumo basada, entre otras
cosas, en la obsolescencia programada, que obliga al ser humano a
fabricar productos que ya habían sido fabricados años atrás y que,
muchos de ellos, no se reutilizan. También la publicidad influye en
esto, mostrándonos día tras día las maravillas del mundo material,
vacío y lleno de colores artificiales que crean en nuestra mente una
idea de falsa felicidad a través de comprar.
Más
allá de los devastadores problemas ambientales de la sociedad de
consumo, esta forma de ver la vida humana sobre la Tierra, crea la
necesidad de la explotación inhumana de unos países sobre otros. A
medida que la sociedad de consumo se hace más fuerte, necesita
producir más y, ¿de dónde saca el capitalista los recursos y la
mano de obra para dicha producción? Del Tercer Mundo. No es posible,
por lo tanto, acabar con la explotación del Primer Mundo hacia el
Tercer Mundo sin sustituir la sociedad de consumo por otro modelo se
sociedad, basado en el desarrollo sostenible y la autodeterminación
económica de las distintas naciones.
No
podemos quedarnos en la crítica simple: “los gobiernos no hacen
nada por el medio ambiente y por el Tercer Mundo”. En un sistema
capitalista, el gobierno es solo un útil de los mercados, que son
quienes rigen la sociedad a placer. Por lo tanto, hay que ir más
allá, hay que cavar más hondo e ir a la raíz del problema: la
sociedad. Si no cambiamos el sistema y acabamos con la sociedad de
consumo, no hay solución. No hay magia. No puedes tumbarte al lado
del fuego una tarde de Agosto y quejarte porque tienes calor, tienes
que apagar el fuego.
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