martes, 14 de enero de 2014

Aquel escalofrío.

Me adapto al frío.
Porque las pupilas se me congelan...
culpa de las lágrimas.
Ha llovido mucho desde nuestro último baile,
tanto que no recuerdo los pasos.
Pero sí recuerdo aquel escalofrío
cuando quisiste descansar de mis besos...
cómo me atraganté con una voz en la garganta
que quería salir para decirte
'quédate'.

sábado, 4 de enero de 2014

Qué culpa tengo yo.

Qué culpa tengo yo
de que más lleno esté mi vaso
que la Luna reflejada
en mi ventana.

Qué culpa tengo yo
de que tus pupilas sean poesía
y de que yo sea poeta
de miradas tristes.

Qué culpa tengo yo
de ser oasis en tu espalda
y de tener arena de tus besos
entre la tela y mi piel.

Qué culpa tengo yo 
de esta noche tan tímida
y de vivir lejos de ti
bajo el mismo cielo.

Qué culpa tengo yo 
de que la madrugada
entre suave como
la buena cerveza.

Qué culpa tengo yo
de sentirte tanto,
si no son míos tus besos
ni me hablan tus palabras.

Qué culpa tengo yo
de estos versos,
si soy poeta principiante
y amante desfasado.

miércoles, 1 de enero de 2014

Por el vicio de escribir.

El reloj me avisa nervioso 
de que me empiezo a quemar
por el vicio de escribir.

Me intenta advertir de que
la vida no es solo versos y musas;
pero yo le ignoro.
Lo prefiero así.

Estoy leyendo uno de mis primeros poemas
y me acuerdo de ti.
De como este novato 
le escribía a ese leve rizo
al final de tu cabello.

Aún recuerdo esa sensación al leer
por primera vez a Pablo Neruda.
Aquella comprensión tierna,
aquella dulzura oscura...

Hoy pocos quedamos 
con algunas de sus rimas
en nuestra estantería.

Recuerdo de antiguos anocheceres
empaparme de rabia,
pero también de una fría ternura
que a menudo daba lugar
a una soledad voluntaria
incomprensible para un principiante
como era yo en esto de sentir.

Empecé entonces a dejar sonar
un violín o un piano
detrás de las letras
y dejarme llevar por la calma.

Todo me lo daba la inercia,
sin pensar mucho,
dejando salir al exterior
las palabras que mis labios
no decían.

No porque no quisieran decirlas,
sino porque 
no las encontraban.
Se esconden a la espera
de algún poeta que las rime.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Aquellas cosas que me decías.

Suena...
que suene el violín,
joder,
que me encanta.
Con un dulce toque de piano.

Pero que no suenen
más altos que tu voz.
Eso no.
Que suenen de fondo
mientras te oigo suspirar,
en primer plano.
Por encima de todo.

Como cuando me hacías volar,
¿te acuerdas?
"Más alto que las nubes",
decías...
"Tan arriba tendré frío",
te contestaba...
y me abrazabas.

Me susurrabas que no valía la pena
movernos de la cama
ni siquiera para volar.
Que ahí nunca nos atacaría
la temperatura...

Nos aislábamos del mundo exterior.
Porque lo odiábamos,
básicamente.
Durante unas horas
parecía que íbamos a ser eternos
sobre aquel colchón sudado.

Pero ya no sueño con las nubes
en tus costillas.
Ahora piso firme el suelo,
con los pies en la tierra
y el corazón en tus bostezos.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Ya no te escribiré.

Con el mismo bolígrafo 
que ayer te escribía a ti,
hoy le escribo a la noche.

...

No me odies así,
te fuiste y dejaste 
suficientes pestañas 
entre mis sábanas
como para escribir mil poemas.

Pero no te escribo a ti,
no,
no debo hacerlo.
Como mucho,
nos escribo a nosotros.
A nuestro azúcar en la mesa
que no alcanzó el café.
Ya sabes,
éramos torpes al despertarnos.

Es curioso...
ayer rimaba 
porque me besabas
y hoy rimo
porque no puedo besarte.

No, ya no serás mi musa.
Bueno, sí.
Pero te guardaré bien
escondida 
detrás de los poemas.
No te quiero en ellos.

...

Insisto en que el café
se me queda muy amargo
todas las mañanas.

Dispárame, amor.

Dispárame, musa.
Bombardea mis noches de ordenador
y de guerra civil.
Mis noches de nostalgia soviética.
Déjame escribirte.
Deja que me reinvente en tu espalda guerrillera.
Espalda comunista desorientada en España.

Año 39.
Nos exiliamos a Rusia.
Lo perdemos todo.
Pero me besas.
Guardamos nuestro fusil
en el mismo sitio
donde solemos amarnos.

Pero no.

Año 2013.
Yo sueño con la URSS
y tú me invitas a Cuba.
Me llamas poeta, como Neruda...
Quiero versarte en Stalingrado,
¿imaginas?
Tú, 
yo,
la resistencia...

lunes, 23 de diciembre de 2013

Conversación con la noche.

Hubo una noche en la que hablé con ella,
con la noche.
Sentí la necesidad de esquivarla 
y me dio conversación.

-Te odio-, le dije.

-Sabes que no.
Sabes que sin mí
nunca habrías escrito un poema.

-¿Y qué? 
Hay vida más allá de la poesía.

-¿Qué vida?
Ella no está.
Te conozco.
No tienes vida.
No vives.

-No entiendes nada.

-Estás borracho.

-Que te jodan.
Ella no está.
Déjame escribir.

-¿A quién le escribes?

-A ella.
Que no está.
Que ya no está.
¿Estuvo realmente?

-Estuvo.
Os quisisteis muy fuerte
en muy poco tiempo
en varias noches como yo.

-Vete ya. Joder.
Cerveza, verso. 
Cerveza, verso.
Eso es todo.
Cerveza, verso.

-[...]

-¿Ya no dices nada?
Siempre igual. Me jodes, 
te esquivo llorando
y bebiendo 
y te piras de repente.
Y cuando te vas
llega un día nuevo 
que me sigue recordando
que le quiero
y que no puedo quererle.

-No me he ido.

-Ah, vale.
Te odio igualmente.
"Podría escribir los versos
más tristes esta noche..."

-¿Neruda?

-Si.

-Es tu poeta favorito.

-Ya lo sé. 
Me encanta ponerle música
a sus versos
y recitar en mi cabeza
el poema XX
con su voz.

-¿La voz de Neruda?

-No, joder.
Su voz.
La de ella.
Ya sabes.

-Ah, sí.

-Cerveza, verso.
Cerveza, verso.
Una lágrima.
Respiro.
Verso.
Cerveza.
...
Ella tenía la sonrisa
más preciosa del país.
No, del planeta.
No, asi estoy negando así la existencia 
de vida más allá de aquí.
¿Sabes, noche?
Ella tenía la sonrisa
más preciosa del universo.

-Lo sé.
Te he visto escribirle 
a esa sonrisa
muchas veces.
Y siempre dices lo mismo.

-Cerveza, verso.
Cerveza, verso.

-Vendrá alguien nuevo que...

-No lo digas.
No me gusta esa frase.
Demasiada intuición
sin base. 
Solo intentas animarme.
Déjalo ya.
Cerveza, verso, ¿entiendes?

-[...]

-"Claro que, siendo objetivos,
ni tu espalda es un camino
ni tus ojos son ya míos.
Pero en esta caída,
yo te sigo sintiendo aquí.
Yo te sigo sintiendo en cada
rincón de mi cuerpo."

-Eso es nuevo.

-Es mío.
Bueno, es suyo.
Es decir, yo solo pongo la tinta,
es su mirada en mi memoria
la que escribe.
No sé si me entiendes.

-Sí.
Cerveza, verso, ¿no?

-Eso es.
Con ella no era así.
Cerveza, beso.
Verso, beso.
Cerveza, verso.
Beso, beso, beso.
Así era mejor.
Con ella todo era mejor.

-Le quisiste.

-Joder que si le quise,
y lo que me queda por quererle.
Pero mientras tanto,
cerveza, verso.