lunes, 19 de agosto de 2013

Hasta la victoria siempre, aunque cueste.

Debería conservar siempre la esperanza
de que la batalla por la libertad llegará,
que algún día los humildes
no servirán a los asesinos,
pero es difícil.

Qué triste es ser realista
y ver tan largo el camino del cambio.
Qué lejos queda la victoria...

Miro a mi alrededor y desespero,
solo veo borregos apagados y sumisos...
otros con miedo
y otros con las ideas equivocadas.

Me cuesta creer que viviré para ver el triunfo,
o que incluso presenciaré el inicio de la lucha...
pero imaginarlo me da fuerzas
para seguir adelante.

Si no veo yo un mundo justo,
al menos que lo vean mis nietos
o los nietos de éstos.

Hasta la victoria siempre,
aunque cueste.

domingo, 18 de agosto de 2013

Hermosa pasión adolescente.

Los brazos de Claudia abrazan con fuerza a Víctor, su pareja, al llegar a la casa de éste. Rápidamente Víctor le acompaña a su habitación y le dice que espere, mientras le prepara un café caliente para amenizar el frío invierno. Víctor tiene 16 años, Claudia acaba de cumplir 15. A pesar de su edad, sus mentes ya son fuentes de cultura y visión crítica, las paredes de la habitación de Víctor se tiñeron de rojo hace casi un año y mientras besa a su amada, las fotos del Che, de Fidel y de Marx parecen sonreirle. A Claudia le encanta esa faceta de Víctor y a él le encanta explicarle cosas y ver cómo calan en ella las ideas que le transmite. Víctor llega con el café a la habitación y ella está esperándole observando una frase del Che que Víctor tiene escrita en un papel pegado a la puerta de su habitación. Víctor bromea y hace ver a Claudia que el café va a derramarse sobre su camiseta negra, ella se asusta y al ver que él se ríe, coge el café, lo deja en la mesa y, sonriendo, abraza y besa a su novio. Se abrazan con fuerza, como si hiciera meses que no se veían, a pesar de que el día anterior habían estado juntos. Su amor es realmente puro, amor adolescente, pero de dos chavales inteligentes y que se aman con locura. Claudia, tras un par de minutos de miradas entre sus labios, incita a Víctor a tumbarse con ella en la cama, y Víctor accede. Poco a poco, los besos van adquiriendo pasión y las manos de Víctor se desatan y recorren la espalda de Claudia, cuya camiseta ha levantado lentamente. Los dedos de Claudia buscan el vientre de su chico, y éste se pone nervioso y le besa enérgicamente. Las manos de la joven son ágiles y desabrochan el pantalón de su grandullón. Víctor acaricia el cabello de su pequeña y ella interpreta que las piernas del joven ya no tienen motivo para estar cubiertas. Su pantalón cae al suelo y Víctor comienza a deslizar sus fuertes manos por las suaves piernas de Claudia. Su pantalón no tarda poco en ser despreciado por el momento. Los minutos se suceden y la intimidad va cobrando la forma más preciosa en la que puede ser encarnada. Tras unos veinte minutos de hermosa locura, los adolescentes caen rendidos sobre el colchón del chico que, relajado y feliz abraza a Claudia por detrás y besa su espalda sudada. Ella, poco a poco, se va quedando dormida mientras él, incapaz de evitarlo al contemplar tan inmensa belleza, esboza varias sonrisas. Víctor echa un vistazo a su cuarto y reconoce en la tenue luz la taza. Está intacta, tan solo se ha quedado frío el café. Lo bebe y vuelve a meterse en la cama hasta quedarse dormido, sabiendo que al despertar, su musa estará a su lado, esperando para ser retratada con bellas palabras salidas de los labios de Víctor. 

sábado, 17 de agosto de 2013

Tus caderas como únicas cadenas.

Tu suave cabello cae por el contorno de tus mejillas
dejando tras de sí un brillo
incapaz de descifrar para aquel que no ha recorrido
la piel de tu espalda con la yema de los dedos.

En tus ojos se refleja la Luna
y está más llena y hermosa que nunca.
Como si fuera eterna,
como si nunca hubiera estado tan cerca.

Tus labios se humedecen con el paso de las sonrisas
y los puedo besar.
Cómo desespera su tacto infinito
en un mundo que pronto desaparecerá.

Tus mejillas pálidas buscan mi pecho
para descansar sobre él
y las mías buscan tus besos
para sonreír como un niño.

La figura de tus pechos 
en noches imperfectas
dibujan poemas
que nunca dejarán de escribirse.

Tu espalda...
qué decir del mejor papel
en el que escribí un poema.
Escurridiza como una cascada
de caricias a destiempo.

Tu vientre es la mejor carretera
hacia momentos inolvidables 
donde, verdaderamente
somos tú y yo.

Tus caderas son mis únicas cadenas
porque atado a ellas
me siento libre
como el fuego.

Tus piernas perfectas
me sugieren el camino
de un otoño contigo
y de una vida con nosotros.



Tu cuerpo, esa obra de arte anónima cuya belleza no alcanza a describir ningún poema.
Ningún verso, canción o cuadro es digno de tratar de sus curvas y sus matices,
pero yo lo intento.
Porque yo lo he besado.
Este poeta ha vivido entre tu calor y ha espantado tus miedos.

jueves, 15 de agosto de 2013

Si te vas...

La nostalgia de un cigarro casi terminado
sube por el estómago y me colapsa la garganta.
Viene cargada de recuerdos
y de un cd con canciones en las que solo se oye tu risa.

Los nudos al final de la boca
tienen tu firma y el color de tu lápiz de labios.
Escribo poemas tristes 
y el boli me araña el cuello por dentro.

Cuántas ciudades prendería fuego si te fueras.
Difícilmente superable la fuerza de tus besos.
Si te vas, voy contigo.
Si te quedas, vamos donde quieras.

Demasiada luz para un día tan oscuro.
Abro un poco la ventana 
y el mundo aprovecha para entrar,
el muy indeseable.

Si te vas,
(no te vayas)
llévame contigo.
Donde sea.

martes, 13 de agosto de 2013

Sentir es escribir.

Cuando busco tus labios y no los encuentro,
cuando corre demasiado viento entre nuestros cuerpos...
cuando no te puedo querer
es cuando realmente te quiero.


Vivir es sentir
y sentir es escribir.
Escribo porque puedo sentir
y porque no vivo sin ti.


Cuando acariciabas mi espalda
y desconocia tu capacidad para clavarte en el pecho,
veía todo facil y rápido.
Ahora parece que mientras escribo se va venir abajo el techo.


Será que no soy un experto en esto de perderte
o que me acostumbro demasiado a lo que no va a durar para siempre.
Hablando de durar,
qué duro es quererte.


Me cobijo en la esperanza de que algún día
cruzarás la puerta que dejé entreabierta solo para ti
y olvidarás que hubo un día en el que
no me necesitabas.

domingo, 11 de agosto de 2013

Te sigo escribiendo.

Sabría describir paisajes eternos,
sabría describir melodías tristes,
sabría describir lugares que nunca he visitado
pero jamás sabría describir lo que esconden tus ojos.

Me perdería en rincones alejados de ti
donde sintiera el suave viento como un disparo,
pero, al llegar la noche,
la Luna caería y tú me besarías.

En tu regazo revolucionario
no hay lugar para el desorden
y por muy perdido que esté,
siempre encuentro un hueco donde apoyarme.

Siempre busqué algo que me llenara,
algo como tú.
Podría decirse que te esperé durante años
aunque no te conociera.

Te escribo porque, muchas veces,
una mirada no sirve...
Cuando escribes un poema,
esos versos siempre estarán ahí,
siempre existirán,
aunque yo desaparezca.

Podría decir que la noche es fría,
que tú no me abrazas
y que será un invierno largo, 
pero no es así...

Es un verano normal,
el calor no me deja dormir
y las noches son mas cortas.
Pero, al igual que en invierno,
te sigo escribiendo.

La noche cae y tus ojos se cierran.

A veces, cuando la noche cae y tus ojos se cierran, te puedo ver de verdad. Con poca luz y algo de viento, vislumbro tus manos encogidas por el tímido frío que se cuela por la ventana y las agarro con una fuerza imperceptible para tus sentidos, ya dormidos entre mis brazos. Tu espalda marca un camino poético hasta tu cuello, que recorro a besos deseando que te despiertes, pero sin importarme que sigas dormida. Supongo que serán las cuatro de la madrugada, me he desvelado y solo puedo mirarte, esbozar una sonrisa y, de vez en cuando, bostezar. La noche oscura se refleja en tus pupilas de una manera tan bella que humillaría a millones de obras de arte. La Luna no está llena, pero está preciosa. La calma recorre mis brazos desnudos y, cada segundo, te contemplo con mayor asombro. ¿Cómo pueden concentrarse en un solo cuerpo tantos poemas? Pasan los minutos, el viento, los pensamientos... mis ojos ceden. Me duermo, pero, por suerte, te sigo viendo.